A propósito de Barceló, dos perlas
"Deberíamos pedir disculpas por atrevernos a hablar de pintura"
Paul Valéry
No pretendo referirme a las polémicas de la magna obra de Barceló ni hacer una valoración de ésta. Quiero referirme aquí a dos frases fascinantes que he encontrado en sendas crónicas sobre el artista mallorquín y su obra en la sede ginebrina de la ONU.
La primera es de hace unos días en El País. El cronista (parece que para explicar mejor la naturaleza de la obra, "sus estalactitas de pintura") decía esta escueta frase: "Barceló se siente atraído por la fuerza de la gravedad". Como no podía ser de otra manera, en esto no es muy original. En eso estamos todos, en la atracción que ejerce sobre nosotros la fuerza de la gravedad.
La segunda, también de El País (19-11-08), quiere aclarar la variedad visual que la obra ofrece desde los diferentes lugares desde los que se observe: "Desde abajo, el punto de vista cambia a cada paso". Efectivamente, nada hay más cierto, a cada paso que demos nuestro punto de vista cambia tengamos o no la obra de Barceló encima y miremos lo que miremos.
Y es que ocurre a menudo que nos ponemos muy estupendos cuando queremos transmitir toda la emoción y admiración que el arte y determinados artistas provocan en nosotros. Termino con otra cita de otro poeta que quizá venga al caso.
"He cultivado mi historia con regocijo y terror. Ahora siempre siento vértigo, y hoy, 23 de enero de 1862, he sufrido una singular advertencia: he sentido pasar sobre mí el viento del ala de la imbecilidad"
Charles Baudelaire
Niño-anuncio

Es ya un tópico decir que el artista sigue siendo un niño.
Algo en el ojo

¿Tengo algo en el ojo?
Gritón/tragón

Artista como gritón, espectador como tragón.
Más hartazgo de transgresión

Ya hace algunos meses escribí algo en este blog titulado "Hartazgo de trasgresión". En el periódico El País del último domingo, 13 de abril, Elvira Lindo, en su artículo semanal de opinión, escribe:
"...Ya no digamos en el mundo de la cultura, donde cualquiera se define a sí mismo como un radical. Transgresor es la palabra clave. La pregunta eterna es: ¿cómo puede uno definirse a sí mismo como transgresor y que no se le caiga la cara de vergüenza? La respuesta está cada mañana al abrir el periódico, donde el lector se topa, sobre todo en las secciones de cultura, con varios autodefinidos transgresores. Al autodefinido transgresor nadie le pregunta cómo se compagina semejante transgresión con el estar enrocado, como un mejillón, a al cultura oficial y a la rebeldía subvencionada. Nadie le dice: ¿A usted no le parece sospechoso que su transgresión entusiasme a todo el mundo?. Ah, pero es que ese todo el mundo que asiste embobado a los espectáculos del transgresor también quiere sentirse parte de la parroquia transgresora."
En aquel escrito mío yo quería decir esto mismo. Elvira Lindo lo hace con infinita mayor eficacia y gracia. Gracias, Elvira.
Pienso ahora, si con este entusiasmo transgresor tan actual, en la próxima remodelación de gobierno, quizá aparezca un flamante Ministerio de la Transgresión. O tal vez, en algún análisis del estado de la Educación en España, algún "experto" de la Pedagogía proponga la inclusión en la evaluación de los aprendizajes la valoración de la "transgresividad del alumno, del profesor y del centro educativo, como valor fundamental a tener en cuenta en una educación netamente adaptada al siglo XXI".
La mirada vacía
El vacío de la belleza nos desarma, a algunos les lleva a desconfiar e ,incluso, a aborrecer.El arte será "friki" o no será
El arte será friki o no será
A juzgar por las selecciones del arte más contemporáneo en las múltiples citas internacionales la máxima de arriba debe ser muy cierta. Las élites poderosas del mundo del arte internacional así parecen decidirlo, ese grupo de comisarios o curadores, galeristas o directores de museos de prestigio mundial. "Lo rarito es garantía de calidad", parecen decirse. Veo una selección del arte chino que, según parece, tiene éxito creciente en los mercados occidentales y me reafirmo en la idea. Como ejemplo, baste citar la obra del artista que realiza "ninots" clónicos de un retrato riendo, lástima que no estén destinadas al purificador fuego de la "nit del foc". Lo dicho: el arte será friki o no será.
De rotos, descosidos, putrefacciones y otras maravillas
Lo erosionado, lo deteriorado, lo desechado, lo roto, el fragmento,...¿en qué momento empezaron a gustarnos tanto? Quizá en algún momento de la década de los años 40 del siglo XX, tal vez incluso ya en los 30.
Algunos artistas plásticos, pintores, seguidores de los movimientos de vanguardia miraban con interés los objetos que presentaban esas características y los incorporaban a sus obras o, más aún, operaban en sus obras de la misma manera, es decir, al pintar un cuadro no solamente ponían pintura según un dibujo, también rasgaban, rompían, fragmentaban la materia y la imagen. Aquello era pura esencia expresiva, el azar cruel de la vida, metáfora de la verdad inhumana. Aquello era la necesaria antiestética que despojaba al arte de la belleza decadente. Había que desterrar la visión de conjunto y tomar la visión del fragmento celular, perder la distancia afectiva, mirar por el microscopio o por el telescopio, construir destruyendo. Aquel tremendismo llenaba el alma, del que hacía y del que miraba, fuera buenas maneras. Sólo se admite la figura monstruosa, antes el mineral que el paisaje, antes el signo que la imagen, la huella que el trazo. Esta orgía de rompe y rasga nos abrió los ojos a la verdad necesaria.
La única mirada válida es la del niño o la del loco. Así se pensó hasta el punto de creer que sabíamos cuál era la mirada del niño o del loco.
Pero al final qué éxito. Las obras así creadas se cotizaron como las que más. Se imitaron. Se enseñaron en las escuelas. Las compraron los poderosos para colgarlas de las paredes de sus casas, para presidir sus salones o sus jardines. Allí estaba aquella explosión de expresividad, de verdad sin concesiones, en la mansión palaciega, en el chalet funcional, tan a gusto entre el mobiliario de lujo o de diseño. Los decoradores las llegaron a adorar, qué bien encajaban en sus proyectos.

